logo no es canon

Artefactos literarios

Juvenilia: los primeros escritos de Thomas Pynchon

Jugador fútbol americano con vestimenta de Hamster High Thomas Pynchon

A los 15 años, entre 1952 y 1953, Thomas Pynchon, el autor que 20 años después soltaría su bomba V-2 en forma de Arcoíris de Gravedad, se encontraba en la secundaria neoyorquina Oyster Bay High y su predilección por la letra escrita ya se dejaba ver. La publicación del colegio, un diario llamado “Purple and Gold” (Púrpura y Oro, por el color de su bandera), fue hogar de los primeros textos conocidos de Pynchon. Se trata de 4 relatos epistolares en los que Roscoe Stein (o Bose, según se autodenomina), alumno de Hamster High, le cuenta a Sam, de Oyster Bay High, las locuras que suceden en su colegio. Profesores drogadictos, alumnos pandilleros, armas nucleares, experimentos psicológicos, animales salvajes… Podríamos decir que Pynchon ya era Pynchon a los 15 años. La paranoia y los nombres raros ya figuran explícitamente. Si bien los relatos son muy básicos, la imaginación del joven Thomas vuela, partiendo de la premisa: “relata lo que conoces”… por ende el colegio como batifondo.

La tercera parte del relato tiene una frase que quizás sea la tesis de toda la obra Pynchoneana: “su psicólogo dice que está teniendo ilusiones de persecución; es decir, se está imaginando una conspiración en su contra ¿Quieres saber lo más gracioso? ¡La hay!”

A continuación, y por primera vez en español (según pude recabar), podrán leer lo primero de lo primero de uno de los mejores autores del siglo XX. Y si les gustó pueden seguir leyendo “Los Muchachos” y “La Leyenda de Sir Estúpido

Traducción por: no es canon

“La Voz del Hamster” Parte 1 (Revista “Purple and Gold”, Noviembre 13, 1952)

 Querido Sam,

     Quizás me recuerdes – No lo sé. Te conocí en la fiesta en Huntington el pasado Agosto. Era el individuo ancho y pelirrojo con corte militar que hacía las imitaciones de Winston Churchill. De todas formas, expresaste interés en este colegio al que voy y me pediste que me pusiera en contacto contigo. Así que aquí estoy.

     Hamster High está ubicado en una isla a media milla de South Shore, y no es ni si quiera una gran isla, como cualquiera que haya estado ahí en marea alta puede atestiguar. Nadie parece saber por qué llaman al lugar Hamster High, excepto por el rumor altamente debatible que su fundador, J. Fattington Woodgrouse, tenía un fuerte apego a estas aburridas criaturitas. Hay una estatua de J. Fattington Woodgrouse al frente del colegio. Es un pequeño hombre pelado con una barriga redonda, y luce como una cruza entre el último Marciano y un pez barracuda hambriento. El último Halloween alguien pintó sobre la estatua una palabra muy desagradable en naranja chillón. Se armó un gran escándalo. Me suspendieron por cuatro semanas.

     Tal vez el hecho de que estemos bastante aislados explica por qué Hamster High es -bueno, no exactamente alocado, pero- ligeramente extraño. Tomemos como ejemplo a nuestro profesor de trigonometría, el Señor Faggiaducci. Es un joven callado y respetable que usa pantalones entallados, camisa de satén, cárdigan y una boina. Anda en un Sedan modificado, de color azul-bebé, y siempre está contando chistes de be-bop en clase. No hay nada de malo con él, sólo que solía ser un baterista de bop, y ahora anhela estar de vuelta con los muchachos en Birdland y Eddie Condon’s. Habla solo a menudo y escuché rumores de que consume heroína. Un verdadero “muchacho con onda”.

     Luego por supuesto está nuestro director, el Señor Sowfurkle. Este muchacho tiene tendencias musicales – toca la gaita. Lo malo es que usa las horas de colegio para practicar. Está muy dedicado al maldito instrumento. Se encierra en su oficina alrededor de una hora cada día a tocar. De alguna forma uno tiene la idea de que no le gustan las interrupciones. Nació en las colinas de Tennessee y todavía lleva una escopeta consigo, una cosa horrible con la punta serruchada. De cualquier forma, un día el profesor de química parece que entró a su santuario íntimo y empezó a tocar la puerta, y el viejo Furk se dejó llevar. Pobre Señorita Phipps. Hasta tuvimos que cambiar la puerta.

     Podrías pensar que somos bastante limitados en términos de deportes, estando en una isla, pero no es así. Por supuesto, no podemos tener nuestra propia cancha de fútbol americano o béisbol, por eso usamos las del pueblo más cercano, Riverhampton. Me da lástima el entrenador Willis. Rechazó una oferta de entrenar a una de las Diez Grandes universidades y vino en cambio a Hamster High. El entrenador Willis bebe bastante.

     También fuma como un escuerzo, por lo cual la Asociación de Alumni quiere echarlo por ser un mal ejemplo para los muchachos. El entrenador Willis dice que son los equipos los que lo han empujado hacia la bebida. Dice: “¿Qué puedes hacer con un equipo de fútbol americano que consistentemente corre en dirección opuesta, un equipo de básquet que se rehúsa a picar la pelota, y un equipo de atletismo que tiene miedo a saltar alto, y tira la bocha de abajo hacia arriba?” De alguna forma, creo que está en lo correcto, sobre el fútbol americano al menos. En los últimos tres años perdimos todos los partidos excepto uno, y fue un empate con una primaria. La única razón del empate fue que la primaria era continuamente penalizada por uso excesivo de violencia.

     Aun así, la gente viene y alienta por los muchachos, tan coloridos y varoniles en su uniforme marrón de fútbol, y alientan a nuestra leal mascotita, Talleyrand el Hamster. Mantenemos a Tallyrand con un bozal y correa larga, porque es un monstruito vicioso. Este hámster tiene colmillos afilados como cuchillas que deben tener al menos una pulgada. Si no me creen, les puedo mostrar las cicatrices donde Tallyrand autografió mis muñecas.

     Pero ahora debo decir hasta pronto porque estoy cansado, y tengo mucha tarea de trigonometría para hacer. No es que deba hacerla para mañana, dado que es probable que el Señor Faggiaducci no vaya a la clase; está en otro reventón. Recuérdame contarte en algún momento la vez que el Inspector de Educación vino a Hamster High. Pobre hombre – está en un manicomio ahora. Y mándale mis saludos a Panza-de-cerveza MacPherson y al resto de la pandilla.

Tu amigo borracho,

Roscoe Stein.

“La Voz del Hamster” Parte 2 (Revista “Purple and Gold”, Diciembre 18, 1952)

 Querido Sam,

     En tu última carta mencionaste que querías saber sobre la vez que el Inspector de Educación Estatal vino a Hamster High. Bueno, fue un poco irónico porque el abuelo, J. Fattington Woodgrouse, fundó nuestro colegio. Este tipo era pequeño y gordo, como el original, y usaba un sombrero tipo pork-pie que lucía estúpido. El Señor Sowfurkle lo recibió cálidamente y procedió a llevarlo por un tour del colegio.

     Parece que la primera clase que visitó fue la de química, de la Señorita Phipps. Yo no tomo clases de química, pero esto me lo contó directamente Sid Scully, quien actualmente está involucrado en un estudio exhaustivo de los efectos fisiológicos de los compuestos complejos de nicotina en el cuerpo humano. También es un fumador compulsivo. Bueno, El Loco Harrigan estaba trabajando en el laboratorio con isótopos de plutonio inestable. Te acuerdas de El Loco – el que provocó la explosión del Banco Farmingdale. Apenas el Señor Woodgrouse abrió la puerta del laboratorio, corriendo salió El Loco, gritando a máximo volumen, y se lanzó contra el inspector. Fue una suerte que haya derribado al inspector porque un minuto más tarde hubo una terrible explosión en el laboratorio, y la mitad de la pared se le vino encima. El Loco ya se había ido por el pasillo, y parece que el Señor Woodgrouse fue la única víctima. Lo llevaron a la enfermería y lo vendaron.

     Después, durante todo el día, pequeños accidentes siguieron ocurriéndole. Es fantástico, pero siempre ocurre cuando alguien que no queremos viene a entrometerse. Conoció más de la enfermería que de cualquier otra cosa. Primero, en la clase de física del Señor McGinty, una pesa de diez libras rodó del escritorio y cayó sobre su pie. Luego, en la cafetería alguien lo chocó y le desparramó el almuerzo sobre su traje nuevo de Brooks Brothers, arruinándolo de forma permanente. Alrededor del primer período de clases, confundió el montaplatos con el baño de hombres y viajó rápidamente del tercer piso al sótano de la peor manera. Estaba en muy mala forma cuando lo encontramos, así que lo llevamos a la enfermería. Después entró a la clase del Señor Faggiaducci mientras Faggiaducci daba una exhibición de percusión bop. La mano del Señor Faggiaducci se deslizó. El inspector lucía muy gracioso con ese palillo de batería metido a medio camino en su garganta. Luego de eso, fue al curso de arquería, lo cual fue ciertamente un error, porque teníamos unos parlantes alertando que el equipo de arquería de El Loco Harrigan estaba practicando. Me compadezco con el ejercito norteamericano por el momento en que esos muchachos deban ser conscriptos. Basta con que El Loco vea cualquier tipo de arma letal y se vuelve “demente”. Supongo que el Señor Woodgrouse no escuchó las advertencias a través de las vendas en su cabeza. Un equipo de rescate llegó justo a tiempo para verlo perseguido por una banda de locos, una flecha atravesando su sombrero y otra clavada en su hombro. Lo llevamos a la enfermería otra vez.

     Se habría ido entonces, pero el entrenador Willis quiso que viera la práctica de fútbol americano. Todo anduvo bien hasta que el entrenador se enteró de que el Señor Woodgrouse había jugado fútbol en la universidad. Antes de que el pobre inspector supiera qué estaba pasando, estaba en la posición de mariscal de campo, la pelota había sido pateada y vio a once especímenes de virilidad americana cargando hacia él con sangre en sus ojos. Creo que tuvo un último momento fugaz de sanidad antes de quedar sepultado bajo una montaña de uniformes de cuero marrón. Y para colmo, Talleyrand, el Hamster, se escapo y lo mordió. Lo arrastramos hasta la enfermería nuevamente y le curamos la herida – que requirió dos puntos – y las otras lastimaduras que había sufrido. Creo que también tuvo un par de dislocaciones de vértebras.

     Se fue muy pacíficamente con los hombres de guardapolvo blanco; ni siquiera necesitaron un chaleco de fuerza. Lo encontraron hablando felizmente solo y riendo. Cantaba una canción, también: “Primero cayó la pared, luego todas las flechas, luego la pandilla en uniforme de Hamster, después ese (acá dijo una palabra vulgar) me mordió pero no me importa. Estallaron una bomba atómica sobre mí, tiraron cosas sobre mis pies, empujaron cosas por mi garganta, pero aun así soy feliz. Tendieron trampas para mí pero ya no me importa nada ¡jajajajaja!”

     Pobre hombre. Cada semana el Señor Faggiaducci va a visitarlo y lo alegra con un arreglo de batería. A veces pienso que el Señor Faggiaducci es – Pero no viene al caso. Dicen que el Señor Woodgrouse saldrá en un mes. Es un buen hombre, realmente. Una mala noticia: por esas cosas de la vida perdió ese simpático sombrero tipo pork-pie.

     Bueno, creo que es todo por ahora. Cuéntame cómo va todo en el colegio O.B., ¿sí?.

Te veo pronto,

Roscoe Stein.

“La Voz del Hamster” Parte 3 (Revista “Purple and Gold”, Enero 22, 1953)

 Querido Sam,

     Perdón por no haberte escrito antes, pero estoy en el proceso de recuperarme de una fiesta de fin de año a la que fui. Fue lo que sólo podría llamarse un motín, y más o menos así terminó. La fiesta la organizó la hermana de Sid Scully, Marge, y deben haber ido más de cien personas. Todo estaba calmado hasta que El Loco Harrigan, con una banda de Queens, comenzó una fila de conga alrededor de la 1:30 de la mañana, y eso es todo lo que tomó para empezar una discusión. Marge se opuso al ruido y Sid estuvo de acuerdo. Sid se enojó bastante y empezó a empujar a El Loco de aquí para allá, El Loco le atinó un puñetazo a Sid, Sid le devolvió otro, El Loco golpeó a Sid en la cabeza con el bol de ponche, y así comenzó el pandemonio – antes de que nos diéramos cuenta, teníamos un gran vale todo en nuestras manos. Marge lloraba, Sid estaba sentado en el piso agarrándose la cabeza e insultando sin parar, y su San Bernardo, de nombre O’Malley, iba trotando alegremente a través de todo el lío arruinando sillas, lámparas – todo lo que estuviera en su camino. Los muchachos de Queens, evidentemente bajo la ilusión de que eran mosqueteros o algo así, estaban alegremente duelándose [sic] con los barrales de las cortinas, con las cortinas orientales importadas del Señor Scully a modo de capas. El Loco Harrigan corría con una silla como un domador de leones, gritando tonterías acerca de cómo era un gran muchacho y a cualquiera que lo negara, El Loco le rompería la cabeza. Más o menos a esa hora, llegaron los hombres de azul, y comenzamos a calmarnos un poco – todos, vale aclarar, menos Moe Klonk, que se subió a una silla y empezó a gritar cómo eso era opresión capitalista y tiranía burguesa, etc. Finalmente terminó familiarizándose con el extremo de una cachiporra, y eso como que finalizó la fiesta. A Sid le tuvieron que dar dos puntos y hubo muchos labios partidos y narices sangrantes, y Marge casi terminó histérica. ¡Feliz Año Nuevo!

     En tu última carta dijiste que querías saber más sobre el Señor Rafael Faggiaducci, que enseña “trig” en Hamster High. Para navidad, nuestra clase de “trig” le regaló al Señor Faggiaducci una corbata que se prende en la oscuridad. El primer día luego de las vacaciones de navidad, el Señor Faggiaducci entró a la clase con una gran marca roja en su cara, pero se rehusó a decirnos qué le había pasado. También le dimos un palillo de percusión cubierto en oro con la inscripción: “Al buena onda de Faggiaducci, de los Muchachos.”

     Los “Muchachos” (nótese la M mayúscula) son un grupo peculiar y muy selecto. Se sientan en el fondo. Oficialmente están ahí para aprender trigonometría. En realidad están involucrados, bajo el liderazgo de El Loco Harrigan y Big Bob Woods, en un experimento psicológico fascinante, que incluye implantar alucinaciones paranoides en la mente lógica a través de la supresión psicoanalítica del super-yo. En otras palabras, intentan estudiar cuánto soportará Faggiaducci antes de volverse loco.

     Y puedes estar seguro de que estamos triunfando, a pesar de que Faggiaducci no aprecia esto demasiado. A esta altura ya grita, su psicólogo dice que está teniendo ilusiones de persecución; es decir, se está imaginando una conspiración en su contra ¿Quieres saber lo más gracioso? ¡La hay!

     En primer lugar, Faggiaducci odia la canción “High Noon” – se vuelve loco cada vez que la escucha. Entonces, John Trodsky trae su guitarra a la clase, y todos cantamos, “No me abandones, Faggiaducci”, etc. Se pone muy, muy nervioso a veces. Te puedo mostrar una cicatriz de una vez que Faggiaducci me tiró un transportador en un ataque ciego de ira. También tenemos el hábito de reírnos inesperadamente. Puede ser durante un examen, cuando toda la clase está callada – de un momento para otro hay un ruidoso estruendo desde el fondo del aula. Cada vez que pasa esto, Faggiaducci salta como si se hubiera sentado en una trampa para ratones. A veces eso sucede también. Un par de semanas atrás, nos mandamos una genial. En un momento pre-acordado, toda la clase comenzó a mecerse de un lado al otro. Faggiaducci dijo, “¡Paren de mecerse!” y Sid Scully se rio y dijo: “¿Quién se mece?” Faggiaducci se enojó y llamó al director, el Señor Sowfurkle, diciéndole, “Mi clase se mece de un lado a otro. Ven aquí y haz algo al respecto.” Así que lo inevitable sucedió; cuando Furk entró al aula, paramos de mecernos y nos quedamos sentados y quietos. La conversación que siguió entre Faggiaducci y el director la dejo a su imaginación.

     Bueno, Sam, creo que es todo por ahora. Escribe pronto y dime si tienen algún profesor como Faggiaducci en Oster Bay High.

Como siempre,

Bose.

“La Voz del Hamster” Parte 4 (Revista “Purple and Gold”, Enero 22, 1953)

 Querido Sam,

      ¡Lo logré! ¡Aprobé trigonometría! Lo estaba rindiendo en medio año, como sabes, con Los Muchachos, y finalmente logramos desgastar a Faggiaducci. Se le colmó tanto la paciencia que el día de los Regentes se rehusó a supervisar el examen. Así que nos clavamos con un checo neurótico que gritaba en vez de hablar.

     De cualquier forma, nos pusimos a cantar. “No me abandones Faggiaducci,” y se puso violeta y pegó alaridos – alaridos, te aclaro, no los gritos que pegaba Faggiaducci- “¡Cállense o los echaré a todos!” Luego empezó a maldecir e insultarnos, y tirar cosas hasta que logró engranarnos. Bueno, sabes que hay sólo una cosa peor que Los Muchachos, y eso son Los Muchachos engranados. Sid le dijo al checo algo muy poco amable; El Loco Harrigan le pegó por la espalda con una regla; y Bob Woods lo hizo tropezar con una silla cuando atisbó a pegarle a Sid. Salió del aula con el objetivo de llamar al director ¡Eso rebalsó el vaso! En masa, Los Muchachos se levantaron, acorralaron al checo, levantaron su cuerpo, lo metieron en el montaplatos, y lo dejaron ahí hasta que pudimos terminar el examen en paz.

     Faggiaducci había dicho que la mejor nota que esperaba era en los bajos 60s; pero como resultó, no hubo nota más baja que 92. (¡No me preguntes cómo lo hicimos!) Esto, por supuesto, tuvo un efecto psicológico severo en Faggiaducci. No ha venido al colegio en una semana. Escuché que tuvo una crisis nerviosa ¿El checo? Bueno, ya nadie usa el montaplatos, así que decidimos dejarlo ahí. Quizás lo encuentren algún día – no me importa mucho – le dan de comer dos veces a la semana.

 

Debo irme ahora

Arrivaderci,

Bose.

Textos originales en inglés disponibles en:

http://shipwrecklibrary.com/the-modern-word/pynchon/sl-hamster/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

hola

no es canon
Artefactos literarios
Redes sociales
Contacto
noescanonliteratura@gmail.com