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El infame capítulo 21

Existen 2 versiones de “La naranja mecánica” que difieren en el último capítulo. La versión original inglesa, con 21 capítulos y la versión americana con 20. En el capítulo 21, Alex se reforma y se convierte en un ser “adaptado” a la sociedad y sus normas de buena convivencia. La versión americana, por el contrario, termina con un Alex que es “curado” de la técnica de Ludovico y puede nuevamente pensar y cometer actos de violencia.

Existe una ambivalencia a través de la vida del autor acerca de ese capítulo 21 que cambia por completo el sentido de la historia. Él mismo explica que el significado del 21 era la representación de la madurez, la edad a la cual se votaba (en Inglaterra). Esto, en conjunto con una visión optimista de la humanidad, daba como resultado un último capítulo donde el perverso Alex se convertía en un buen ciudadano.

Lo curioso es que en el manuscrito de la novela, luego del capítulo 21, el autor escribe: “¿Deberíamos terminarlo aquí? Un “epílogo” opcional a continuación”. Sin embargo, decide publicar la novela en 1962 en Inglaterra incluyendo el último capítulo. Tiempo después, el editor norteamericano le pide suprimirlo por considerarlo débil e innecesario. Así publica en 1963 la versión de 20 capítulos. Burgess explica que estaba bajo presión y necesitaba el dinero.

La versión que se popularizó fue la que termina con una nota de pesimismo (¿o será realismo?), dado que Kubrick adaptó la versión americana. Pero incluso 5 años antes de la película, Burgess ya había escrito un guion donde suprimía el capítulo 21. Entonces, ¿le gustaba o no le gustaba su final original?

Quizás la respuesta haya venido en 1986 cuando se publicó por primera vez en Estados Unidos la versión de 21 capítulos. En ella el autor dice a modo de prólogo: “Los lectores del capítulo 21 deben decidir por sí mismos si éste mejora el libro que presumiblemente conocen o si es un anexo descartable. Yo quise que el libro terminara de esta forma, pero mi juicio estético puede haber sido equivocado”

Uno de los tantos ejemplos en los que un buen editor y un buen director le han hecho mucho bien a una obra de literatura.

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