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Laiseca

Agustín Conde De Boeck

“Porque hay gente que lee a Laiseca como quien contempla, narcotizado y a lo largo de flotantes horas, la psicodelia cromática de una lámpara de lava […] Está bien, pero no deja de ser el equivalente de usar un lingote de oro como tope de puerta. O como usar Los sorias como tope de puerta, para el caso”

Termino de leer esta joya (el mismo @agustin.condedeboeck se auto-acusa de hipérbole crítica, y yo lo voy a seguir) y sólo se me viene a la cabeza esa imagen de un Robin Hood (¿o era Hawkeye?) que lanza flechas que caen una encima de la otra, todas en el blanco. Así de certeros son los flechazos del autor.

Como un perfecto Houdini, Agustín (voy a tomarme el atrevimiento) se dedica a quitar las cadenas que limitan a Laiseca: prejuicios, malas lecturas, atributos canonizables y, una vez liberado del yugo terrenal-crítico, pasa a vestirlo con ropajes reales (de croto), ropajes imaginarios que lejos de desnudarlo como al famoso rey ficcional, lo preparan para su eterna realeza vikinga. Donde otros buscan cortar el hiperobjeto Laiseca, reduciendo las n-dimensiones inabarcables a un punto o una línea, el autor de este libro no se conforma con menos que n dimensiones. Por eso la emulación volumétrica (en miniatura) de los grandes tochos laisequianos. Porque el objeto libro debe tener su propio campo gravitatorio, tiene que poder doblar el espacio-tiempo a su alrededor. 

Destaco muchas cosas de esta semblanza espiritual y largo ensayo. La primera es el amor que exuden las páginas. Quien quiera atacar la obra de Laiseca sólo a través de un intelecto icebergueano (o iceborgeano) estaría agarrando el mapa al revés. Lo segundo es el humor, pero el humor bien entendido, el sutil que nos arranca una carcajada en el momento menos esperado, como una prestidigitación fina que no se puede descular ni en cámara lenta. Y el tercero es el profundo conocimiento. No hay ninguna duda, Agustín ES el más digno cuidador de la llama Laisqueana.

Pero como dice el propio autor, nosotros no salvamos a Laiseca leyéndolo, él nos salva a nosotros. La llama de su gran pira sigue ahí, lista para prender al que quiera acercarse.

Edita @editorialentrerios. El arte de fondo es del gran @labatesaccol.

 

Libro Laiseca de Agustín Conde De Boeck sobre pintura de Samurái

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